Entrevista con Karen Greiner
Doctora en Comunicación de la Escuela de Estudios de la Comunicación de Ohio University. Trabajó como asistente de investigación en el Centro para Estudios de Guerra, Paz, y Medios de Comunicación de New York University, como asistente de proyectos para el Centro de Asistencia Técnica de Nueva York, y como administradora de entrenamiento internacional para Chemonics International, entre otras labores. Obtuvo su Master en Educación Internacional de la Steinhardt School of Education de Nueva York, y su B.A. en Comparative Area Studies y Español (Cum Laude) de Duke University. Está actualmente vinculada a la Universidad del Sur del Florida en calidad Post-Doctorado.
Entrevista realizada con el apoyo del Profesor Jair Vega, Universidad del Norte (Barranquilla, Colombia).
Entrevista realizada en el marco el Congreso Internacional de Comunicación para la Salud - Medellín, septiembre 29 a octubre 1o de 2010.
Jair Vega: Empecemos hablando de su trabajo. ¿Cómo empieza su preocupación por estas temáticas y cómo va llegando al campo de la comunicación para la salud?
Karen Greiner: Hace diez años me encontraba en un pueblo pequeño al norte de Camerún. Yo era profesora de inglés y parte de mi trabajo era hacer también educación para la salud, y me di cuenta de que la manera en qué trabajaba no era muy eficaz. Yo misma me sentía como una extranjera que llegaba a un salón de clase diciendo a mis alumnos que es importante lavarse las manos, calentar la comida o usar condón, y no me gustaba ese rol, no me gustaba andar diciéndoles qué tenían que hacer.
Luego trabajé en otros proyectos del gobierno estadounidense en Kosovo, en Senegal, y siempre era la misma cosa: nosotros, los “expertos”, llenándolos con cuentos, como si nosotros tuvieramos la sabiduría y ellos estuvieran vacíos.
Posteriormente inicié mis estudios de doctorado en Ohio University, particularmente interesada por el trabajo de Arvind Singhal sobre eduentretenimiento. Me gustaba mucho la idea de utilizar medios dramáticos en los que no estamos diciéndole a la gente qué hacer, sino que estamos modelando e invitando a la reflexión.
Ahora desde mi propia práctica, me ha gustado aprender más sobre modelos mucho más horizontales y que no subestiman la capacidad de la gente. Precisamente mi tesis de doctorado está enfocada en tres casos que, para mi, se constituyen en un modelo en el que se invita a la gente a contribuir en la medida de sus capacidades y su creatividad. Precisamente lo que presenté en el Congreso de Comunicación para la Salud (Medellín, septiembre 29 a octubre 1º de 2010), es uno de ellos, el caso de un proyecto en salud desarrollado en Senegal.
JV: ¿Podría hablarnos en detalle sobre este caso? ¿Aquello que le pareció el aporte más significativo al campo de la comunicación en salud?
KG: Este es un proceso de comunicación llamado Scenarios from Africa, que empezó hace diez años con un concurso de guiones diseñado para invitar a la gente a mostrar lo que sabe hacer. La idea en Senegal fue, en lugar de hacer una campaña tradicional contra el VIH/Sida, se invitó a la los jóvenes a escribir guiones sobre situaciones de su vida cotidiana, tomando como tema principal el VIH/Sida. De esta manera son ellos quienes analizan su entorno y toman los elementos que consideran apropiados para describir escenarios posibles en torno a la enfermedad. Luego hay un jurado que evalúa las miles de propuestas que llegan y seleccionan una para hacer un cortometraje.
El producto es muy distinto a lo que podría producir el personal del Ministerio de Salud, por ejemplo, porque detrás de todo están los jóvenes que conocen mucho mejor su situación y los retos que enfrentan todos los días. En los últimos años, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, comunitarias e incluso del Estado, se han ofrecido para acompañar al jurado en el proceso, y también de esa manera han aprendido mucho de lo jóvenes. El proceso es muy bonito porque logra reunir en el jurado a gente que debería estar trabajando conjuntamente y que no lo hace, o lo hace muy de vez en cuando. Ellos encuentran en este proyecto la oportunidad de encontrarse y aprender sobre los mitos, la información falsa que circula en su mente o ideas geniales para resolver las situaciones que tienen que enfrentar.
JV: Para recapitular podríamos decir que diversos actores empiezan a interactuar alrededor de los guiones, pero desde una perspectiva que busca comprender la lógica de los jóvenes para poder retroalimentar las propuestas.
KG: Para sus propias campañas o acciones, esta interacción resulta muy provechosa. En mi estudio traté de observar hasta dónde llegan estas relaciones, porque muchas veces terminan convertidos en relaciones estrechas de largo plazo o al menos en colaboraciones para otros propósitos. No todos sabemos hacer un video, pero que bonito invitar a los jóvenes a que nos apoyen con el contenido desde sus propias visiones.
Cualquier intervención de comunicación se presta para invitar a la comunidad a participar con sus ideas y su creatividad, pero nosotros debemos crear los mecanismos para que esto suceda. No se trata de aceptar cualquier cosa, siempre hay maneras para mantener la veracidad y pertinencia de la información que se circula, porque por supuesto muchas veces los jurados se encuentran con guiones que pueden estigmatizar. Invitar a la gente a participar puede ser muy obvio pero muchas veces las organizaciones no lo hacen porque subestiman la capacidad de las comunidades.
JV: Si uno pudiera sacar unos puntos clave para analizar de este proceso, ¿qué señalaría? Estoy de acuerdo con usted en que muchas veces señalamos como obvias las particularidades del proceso y por eso terminamos no haciéndolas.
KG: La realidad es que cuanta más participación, menos control. Si estamos invitando a la gente a contribuir con sus ideas, vamos a encontrar muchas cosas que no estamos previendo. De esa manera, el video que pudo demorarse un mes en producirse, se demora un año, pero es completamente diferente a lo que sería si nos sentamos nosotros tres en un cuarto a decidir los mensajes más importantes para los jóvenes de la comunidad. Nuestro rol en esos casos es invitar a la participación y hacer que sea fácil que la gente participe. Por ejemplo, si vas a tener gente que vive con VIH/Sida, tienes que asegurarte de que vas a proteger su confidencialidad.
JV: Es decir que se trata de pensar el concurso no como un producto, sino como un proceso, en el que incluso la gente que no llega hasta el final, ha contribuido y se ha transformado, ¿verdad?
KG: La gente tiene derecho de contribuir y cuando hacemos comunicación para la salud, muchas veces ignoramos eso. No podemos obviar que gran parte de nuestra función es ampliar las posibilidades de agencia de la comunidad, y si eso significa que debemos invertir más tiempo o recursos, pues vale la pena.
La Iniciativa de Comunicación: Sin embargo usted planteaba que aun en medio de procesos participativos, es necesario considerar unas estructuras que impidan el caos. Creo que en procesos que tienen un mirada participativa, esto de las estructuras supone un reto importante.
KG: En mi investigación, yo hablo procesos porosos. Tu puedes llegar a una comunidad con una intervención tallada en piedra, o proponer algo más parecido a una esponja, con muchos huequitos, en la que el agua puede entrar y puede salir otra vez. La idea es crear procesos porosos, pero que también tengan suficientes estructuras como para dar cuenta de los objetivos del proyecto. Lo que es llamativo de Scenarios from Africa, es que crearon muy distintas maneras de generar participación, y todas ellas fueron invitaciones que permitieron pensar en múltiples contribuciones. Un joven puede escribir un guión, participar en el jurado, distribuir panfletos, o puede ser tutor en la escritura de guiones de otros. Por eso yo considero que uno de los logros importantes de este proyecto es el haber generado una red de voluntarios a la que todos han llegado por invitación.
Es una propuesta que va a la inversa de lo que se hace tradicionalmente: en vez de pensar cómo ayudamos a la gente, pedimos ayuda de la gente, no solamente para que se sientan útiles, sino para hacer mejores procesos.
JV: En procesos de esta naturaleza, con múltiples entradas y salidas, ¿cómo se lleva a cabo la evaluación?
KG: Para mi evaluación, yo usé mapas de red, en lo que preguntaba a la gente con quién trabajaba y cómo fue su participación. Ellos señalaban en un mapa esos nexos y los encerraban con círculos. Luego les pregunté a quién no conocían antes del proceso, e identificaban tanto a personas como a organizaciones nuevas para ellos. Con ese mapa en frente de nosotros, les preguntaba por la gente con la que había desarrollado acciones diferentes a las planteadas por el concurso.
Un ejercicio como este nos permite identificar si realmente estamos tomando a la comunidad como agente, al reconocer las acciones que desarrolla sin que nosotros las hayamos planeado ni planteado.
JV: Todo esto que nos está planteando son indicadores de lo que fortalece la participación, pero en términos de salud, ¿cómo se sabe si se han alcanzado los objetivos propuestos y qué indicadores se usan para esto?
KG: La verdad es que en mi investigación estaba preguntándole más por las contribuciones de la comunidad, que por los logros en salud. Sigo pensado que en actividades cómo estás es muy difícil determinar la causalidad, es decir que por ver un video, un chico tome una decisión sobre usar o no usar condón. Lo que sí busqué establecer fue el poder de esta asociación con los jóvenes.
JV: Yo lo pregunto porque finalmente todo este proceso está motivado por esa promesa, la promesa de trabajar por ciertas temáticas y la mejoría en ciertas cosas. Incluso la participación está asociada a esa posibilidad.
KG: Normalmente las intervenciones de salud están enfocadas en generar cambios de comportamiento: deje de fumar o use condón. Pero determinar la causalidad en este tipo de intervenciones, que te lleva finalmente a usar o no usar el preservativo, es compleja. Por eso el foco de mi intervención fueron los resultados no previstos, las acciones que no fueron planeadas. Se trata entonces de no mirar solamente el proceso, sino también sus efectos. Yo podía haber mirado el cortometraje, sus impactos en los actores, y cuáles son las relaciones nuevas, los productos nuevos y las acciones nuevas que nosotros, los planeadores, no habíamos considerado. Es una manera de evaluar las innovaciones, en el que en lugar de evaluar lo que existe, decidimos fijarnos en qué hay de nuevo. Es otra visión de la evaluación.
JV: ¿Y eso nuevo puede ser tanto positivo como negativo?
KG: Supongo que sí, pero en mi proceso yo solo vi cosas buenas: nuevas relaciones, nuevas colaboraciones, nuevos productos. Hace poco escribí un artículo en el que hablo que ya no hablo de difusión de innovaciones, sino de gestión social de innovaciones, de invitar a los demás a darle nuevas formas a nuestro proceso.
JV: Es que precisamente yo vengo discutiendo hace poco el concepto de novedad, precisamente por el hecho de valoración que se hace de las cosas por ser nuevas, y no por el tipo de contribución que hacen.
KG: El valor del que estamos hablando aquí no se da por ser nuevo, como un jabón nuevo, sino por no haber existido antes y no haber sido previsto. Yo no puedo decir que por haber visto un cortometraje de Scenarios from Africa una persona evitó contraer VIH; lo que si puedo decir es que a partir de esta iniciativa, esta persona conoció a alguien nuevo y construyó una relación nueva gracias a participar en el concurso. Aunque no sabemos hasta donde va a llegar esta relación, la relación en si misma es un impacto y es valiosa. Pero solo tiene valor si estamos de acuerdo en que las personas son agentes, que la comunidad es agente. Si seguimos con la visión de que las personas son objetos, no vamos a poder creer que que dos personas se sienten alrededor de una mesa, sea algo importante.
JV: Podríamos decir que en la medida en que la gente puede dialogar y poner en debate sus propios discursos con otros agentes, se amplían las posibilidades de cambio social.
KG: Yo no creo que uno pueda empoderar a alguien más para que haga algo. Creo que lo que podemos hacer es invitar a la gente a empoderarse, y facilitar los mecanismos para que eso suceda. Es un camino que se hace al andar. Me parece que no hay nada malo en la participación, pero aquella que logra que las personas realicen sus propias acciones, es lo que logra muy bien el eduentretenimiento.
CI LA: ¿Cómo se conectan los tres casos que estudió para su tesis doctoral?
KG: Yo los llamo casos dialógicos, asumiendo el diálogo como el ejercicio de guiar al otro, y no como conversación. En los tres casos hay una mirada de la comunidad como agente y una invitación la participación. Para mi esto tiene todo que ver con una mirada ética, mucho más que con una decisión logística.
Para ver presentación realizada por la Dra Greiner durante el Congreso Internacional de Comunicación para la Salud, oprima acá .
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